La provincia de Alicante cuenta entre su selecta lista de creaciones un elixir con más de 500 años de historia que llegó a conquistar los paladares más exquisitos, incluyendo reyes y personajes históricos.
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Se trata del fondillón, un vino noble elaborado con la variedad de uva autóctona: la Monastrell. A pesar de que estuvo a punto de desaparecer debido a las contingencias socioeconómicas derivadas de la filoxera, hasta el siglo XIX el fondillón era reconocido en el mundo entero.
William Shakespeare, Alejandro Dumas (el Conde de Montecristo bebía fondillón), Emilio Salgari, Fiódor Dostoyevski, Daniel Defoe y, por supuesto, Azorín, dan muestra de ello en sus escritos.
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Así, fue el cronista de Luis XIV de Francia, el duque de Saint-Simon, quien dejó escrito cuáles fueron los últimos deseos de cronista oficial de la corte del Rey ‘Sol’ antes de morir. Gustos sencillos pero repletos de significado de un enfermo terminal de gangrena que aparecieron retratados en Journal de la maladie du Roi: «bizcochos mojados en vino de Alicante»
La Denominación de Origen Alicante tiene unas condiciones especiales para conseguir vinos de alta graduación. Gracias a sus veranos secos y a su variedad autóctona Monastrell, sus vinos alcanzaron fama internacional, convirtiéndose en los vinos favoritos de las monarquías del siglo XVI y XVII.
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El fondillón es un vino añejo natural con más de 10 años de crianza que se elabora únicamente en la demarcación histórica de Alicante. Fue el primer vino en tener nombre propio y el reconocimiento de la Unión Europea.
Se caracteriza por una alta graduación, aunque, a diferencia de vinos fortificados como el jerez o el oporto, el alcohol procede únicamente del azúcar de la uva.
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Una de sus principales singularidades es precisamente esta, que no se encabeza.
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Ruta del Vino de Alicante. Bodegas Monóvar. Botella de fondillón
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«El nombre de fondillón viene del nombre que se le daba en valenciano antiguo al fondo de la cuba: fondillón y solera es lo mismo», explicó Rafael Poveda, enólogo de Bodegas Monóvar a EL ESPAÑOL. «Madre es la forma popular de llamar a la solera de fondillón: la madre del vino».
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Azorín escribió sobre el fondillón: «Vino centenario que es dulce sin empalago, por su densidad empaña el cristal, huele a vieja caoba».
Entre las diferencias de elaboradores, los tamaños de los toneles y la intervención de añadas y soleras, el fondillón experimenta una diversidad de estilos que van desde los más o menos dulces o secos, hasta los que aportan toques de fruta madura o frutos secos, especiados o avellanados, componiendo un rico catálogo organoléptico.
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Actualmente, el fondillón está recuperando gran parte de su prestigio gracias al empeño puesto por las bodegas del interior alicantino para asegurar su futuro.
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