Jerez de los Caballeros, un rincón del pasado en la dehesa extremeña
Su casco antiguo, por el que se suceden palacios, conventos y atractivas iglesias barrocas, testimonios de su larga historia, le ha valido a esta localidad de la provincia de Badajoz el reconocimiento como uno de los pueblos más bonitos de España este 2025
.
Jerez de los Caballeros, un conjunto histórico-artístico monumental en la provincia de Badajoz, ha sido reconocido como uno de los pueblos más bonitos de España este 2025. Su casco antiguo es un entramado de empedradas callejuelas y luminosas casas encaladas por las que se suceden palacios, conventos y atractivas iglesias del Barroco extremeño, testimonios de su larga historia.
1. Iglesias barrocas
La “muy noble y muy leal ciudad”, título que hace ahora 500 años (en 1525) le dio el emperador Carlos V, tiene un inconfundible horizonte silueteado por las esbeltas torres barrocas de sus iglesias de San Bartolomé, San Miguel, Santa María de la Encarnación y Santa Catalina. Emergen sobre un mar de blancas fachadas y tejados rojizos, resguardados tras los lienzos de sus murallas.
.
Dado que Jerez de los Caballeros (Badajoz) se erige sobre laderas de monte, es recomendable empezar la visita desde la parte alta, desde San Bartolomé, patrón de la urbe. Es, quizá, la iglesia más llamativa por la singular belleza de su afiligranada torre y la policromía de su peculiar portada a base de azulejería, barro vidriado y yesería.
.
En su interior destaca el retablo, el órgano, la capilla de los Comendadores, la talla de san Bartolomé con un diablo encadenado y la pila bautismal de Vasco Núñez de Balboa, descubridor del Pacífico. Bajando por la calle de la Oliva, se llega a su casa natal, hoy centro de interpretación histórico, y a la iglesia de San Miguel (siglo XV).
.
No menos impresionantes son su torre de ladrillo y barro vidriado, y sus portadas de la Epístola y del Perdón. En su interior resaltan sus retablos, el coro renacentista y los frescos de la cúpula del crucero de escuela veneciana.
.

Santa María de la Encarnación, al lado de la alcazaba, es la iglesia más antigua de la ciudad, como atestigua una inscripción visigoda del siglo VI, aunque la construcción actual es del XV. Fue mezquita en la época musulmana. En su interior se distingue una Magdalena penitente de la escuela de Pedro de Mena.
.
Extramuros se encuentra Santa Catalina, construida sobre un templo medieval. Tiene una sola nave de planta cuadrangular en la que sobresalen el retablo y el órgano. Por el camino podemos visitar el Museo de Arte Sacro, que guarda notables tallas y cantorales.
2. Vestigios de las murallas
La Xerixa (ciudad) musulmana fue una villa relevante; el cartógrafo Al Idrisi la equiparó en el siglo XII con Mérida y Badajoz. Mantuvo su prosperidad tras la conquista cristiana, en 1230, al convertirse en bailiato de la Orden del Temple. Sus caballeros aprovecharon la alcazaba musulmana, en la que queda un morabito, para construir su fortaleza y las murallas.
.
La más famosa de sus torres es la del Homenaje, también llamada Sangrienta, por ser aquí degollados los últimos templarios que se resistieron a la bula papal que ordenó la disolución de la orden. Se dice que por la noche se oyen sus pisadas y las de sus caballos en la alcazaba. Tras su caída, regentó la localidad la Orden de Santiago.
.
Desde la alcazaba y los jardines circundantes se disfruta de una bella panorámica de la villa y sus campos. De las murallas solo quedan dos puertas: la de la Villa y la de Burgos, que custodia una estatua de Hernando de Soto, explorador de Florida y del Misisipi, nacido, al parecer, aquí.
.

3. Callejear entre palacios
Por sus sinuosas callejuelas encontraremos edificios históricos, normalmente construidos en torno a patios interiores, que lucen sus viejos escudos nobiliarios como los palacios de Rianzuela, Guzmán Sotomayor, Silva y Figueroa, de los marqueses de San Fernando y Selva Alegre; las casas del Sol y del Bachiller Martínez de Logroño; las ermitas de los Santos Mártires y de San Roque, o los conventos Madre de Dios y San Agustín.
.
Este último, del XVI, con un bello claustro, alberga la oficina de turismo.
–
Extramuros están la ermita de San Lázaro, de la época templaria, y el convento de Aguasantas, dedicado a la virgen patrona de la ciudad.
.

4. Fiestas medievales
Sus ocho ancestrales cofradías han conseguido con sus coloridas procesiones que su Semana Santa sea declarada de interés nacional. En julio, durante varios días, la villa y sus habitantes se engalanan a la manera medieval para celebrar el Festival Templario con pasacalles, mercadillos, trovadores, teatro… que rememoran la época de los templarios y su sacrificio.
.
Durante las fiestas patronales de San Bartolomé, en agosto, tiene lugar la Salida del Diablo desde la iglesia homónima, que persigue a los niños con una escoba, y por la noche la Quema del Rabo del Diablo en la que se incinera su efigie mientras los jóvenes saltan sobre las hogueras.
.
5. Comida con postre especial
El cerdo ibérico es el rey de las vastas dehesas que rodean la localidad y de su gastronomía; sin olvidar las setas, los espárragos, las migas, la caldereta o los caracoles, todo regado con vinos y cavas extremeños.
.
Un lugar curioso donde comer es el restaurante La Ermita, situado en la antigua ermita del Cristo de la Veracruz, del siglo XVII, con su retablo y su púlpito original. Tampoco hay que irse sin probar el bollo turco, un tradicional dulce de almendras sobre un “pan de angelito”.
.

6. Alrededores con encanto
Esta zona estuvo habitada desde tiempos remotos, como testifican el dolmen de Toriñuelo, los restos romanos de Seria Fama Iulia o los puentes Viejo y de El Pontón. Se puede avistar todo tipo de aves en torno al río Ardila y los pantanos de Brovales y Valuengo, y maravillarse con sus claros cielos estrellados. Quien quiera dormir en un antiguo monasterio del siglo XVI, el hotel Rocamador, a media hora de Jerez de los Caballeros.
.