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Los fenómenos inexplicables en el umbral de la muerte: una mirada científica

Ver la película de tu vida en un segundo, una claridad cegadora al final del túnel, la sensación de salirse del propio cuerpo… dos neurocientíficos explican desde la racionalidad, lejos de todo esoterismo, las insólitas experiencias que pueden vivirse al final de la existencia

 
 

Jueves, 31 de octubre 2024

 

 
 

La cercanía de la muerte expone al ser humano a fenómenos extraños, aún inexplicables. Algunos de los que logran eludirla hablan de que vieron la película de su vida pasada en un segundo, de una claridad cegadora al final de un túnel y de la sensación, incluso, de salirse del propio cuerpo y sobrevolarlo.

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Pasar, no cabe duda, pasa… Pero, ¿qué ocurre realmente cuando sucede algo así?

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¿Es el cruce de la frontera entre la vida y su pérdida la que provoca todas esas sensaciones?

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Con motivo de la festividad de Todos los Santos, EL CORREO ha pedido a dos reconocidos neurocientíficos que aporten la luz de la ciencia a una cuestión que en los últimos tiempos se ha convertido en un auténtico filón para charlatanes, sacaperras y mercachifles.

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El cerebro, según cuentan, sigue guardando mucho misterio sin resolver. Éste es uno de ellos.

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No hay, según cuentan, acontecimientos paranormales ni éxtasis religiosos, o al menos, no se ha demostrado que así sea. Tan solo faltan respuestas, como en muchos otros ámbitos de la salud humana «Alguien tendría que estar en esa otra vida y volver a la nuestra para explicarlo; pero eso aún no ha ocurrido», defiende el psicogeriatra Manel Sánchez, de la Sociedad Española de Psiquiatria.

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«Son fenómenos muy difíciles de explicar con las técnicas de investigación que hoy disponemos»

Manel Sánchez

Psicogeriatra

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La explicación, según dice, de lo que acontece en el momento más crítico de la existencia humana tiene «muy seguramente un origen fisiológico». ¿Cuál es? «Estamos hablando de fenómenos inusuales y, a día de hoy, muy difíciles de justificar.

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Lo que sabemos es que suceden», subraya. «Se dan en todas las edades –incluso niños– y en todos los lugares del mundo. Con matices culturales, pero de una manera casi idéntica.

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Los orientales hablan de acontecimientos relacionados con la meditación budista y los occidentales identifican a Jesucristo en la luz al final del camino.

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Lo que podemos afirmar –concluye– es que son fenómenos muy difíciles de explicar con las técnicas de investigación que hoy disponemos».

Experiencias Cercanas a la Muerte

El primero en hablar de ellos fue el psiquiatra y filósofo Raymond Moody en su libro de 1975 ‘Life after life’ (‘Vida después de la vida’).

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Los bautizó como Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM), porque ocurren en personas en una situación vital crítica. Hay catalogadas, más o menos, como una docena de vivencias, pero la más común de todas ellas es la del abandono del cuerpo.

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La persona siente que sale de si misma, como si fuese su alma y es capaz de observarse desde la distancia, desde el techo de la habitación o una posición más elevada.

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Diversas investigaciones, una de ellas publicada esta misma semana por la Universidad de Standford (California, EE UU), han logrado dar una explicación científica al fenómeno, según detalla el neurocientífico y catedrático de la Universidad de Salamanca José Ramón Alonso.

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La experiencia extracorpórea –que también es posible experimentarla con la practica de mindfulness– se debería, por lo visto, a la desconexión de la corteza temporoparietal del cerebro. Un investigador de la Escuela Politécnica Federal de Lausanne (Suiza) logró activarla y desactivarla en un paciente con un experimento con electrodos.

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La experiencia mística…

Ante una ECM muchas personas relatan un sensación extracorpórea, como si el ‘alma’ abandonase el cuerpo.

…la explicación científica

Esta sensación parece tener que ver con la desconexión de la corteza temporoparietal del cerebro y no es obligatorio vivir una ECM para experimentarla.

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Al desactivarla, el voluntario levitaba y al reactivarla volvía a su cuerpo. Encendido, apagado.

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«Como si pulsáramos un interruptor de la luz», apunta de manera gráfica. Pero aún hay más. El sueño en fase REM también inactiva esa misma región temporoparietal, un acontecimiento que explicaría por qué «en nuestros sueños volamos con tanta facilidad».

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La sensación de levitación es, además, muy común en sueños lúcidos, en casos de desmayos, narcolepsia (sueño profundo llega de forma súbita) y en enfermedades como la esquizofrenia, es decir «en todos los estados ‘frontera’ del nivel de consciencia».

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También la luz del final del túnel puede entenderse desde la ciencia. En el momento de la muerte, el ojo va perdiendo riego sanguíneo. Esa pérdida comienza en los bordes de la retina y avanza hacia el interior de manera progresiva. «El campo visual se cierra»; la sensación para el cerebro es que se va entrando en un túnel.

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Esa impresión se ve favorecida por la desactivación de células visuales y la entrada del cerebro en fase REM de sueño, que también genera esa sensación de luz.

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Las «experiencias de paz» que se relatan pudieran deberse a la capacidad del sistema cerebral para generar sustancias similares «a las que contiene la amapola del opio». Lo mismo que los deportistas de alto nivel generan  endorfinas en la competición y el estrés, cortisol, existiría un mecanismo natural, ligado al instinto humano de supervivencia, que ayudaría a la especie a afrontar su momento más crítico, el de la muerte.

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La experiencia mística…

Ver una luz al final de un túnel que se aleja es otra de las experiencias más relatadas por personas que han vivido una ECM.

…la explicación científica

Al morir, el ojo va perdiendo riego sanguíneo en los bordes de la retina y se extiende hacia el interior lo que produce el oscurecimiento progresivo de la periferia visual.

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La lista de fenómenos inexplicados es larga. El psicogeriatra Manel Sánchez incluye en ella uno que es exclusivo de personas en estados muy avanzados de demencia y próximas a morir. De pronto, recuperan la conciencia. Salen del aislamiento de su alzhéimer y conversan con sus familiares con absoluta normalidad, como si estuvieran perfectamente sanos. Después vuelven a caer, y minutos u horas después fallecen.

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«Científicos del mundo de las matemáticas hablan de una sincronización explosiva, que es un término sacado de la meteorología, la ciclogénesis explosiva. De repente, en el cuerpo se dan determinadas condiciones biológicas y electrofisiológicas –es una forma de hablar– que permiten que durante unos instantes se conecten quizás neuronas desconectadas».

«Tenemos que ser prudentes y no caer en explicaciones esotéricas»

José Ramón Alonso

Neurocientífico y catedrático de la Universidad de Salamanca

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Hablar de fenómenos paranormales es, para los científicos, una forma más que dudosa de obtener rendimientos económicos valiéndose de dos armas poderosas. Las creencias más profundas de la gente y el enorme desconocimiento que hay sobre el origen de los sentimientos, las emociones y el alma humana. «Tenemos que ser prudentes y no caer en explicaciones esotéricas. Nuestra obligación como científicos es ayudar a las personas que cuentan estas experiencias. Pero la ciencia – resume José Ramón Alonso– exige unos protocolos»

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Dante y Ovidio en el Infierno

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Dante y Ovidio en el Infierno Gustave Doré (1832-1883)

Los que caen a los infiernos y vuelven al mundo terrenal

Las experiencias al filo de la muerte marcan para el resto de la vida. Casi siempre para bien, pero en ocasiones también para mal. Dejan en quienes las experimentan una huella imborrable, que cambia para siempre su percepción de la existencia humana. «La tendencia habitual ante la escucha de relatos así es a ridiculizar a quien las ha vivido.

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Lo que hay que hacer es justo lo contrario: comprenderles, escucharles de manera empática, porque lo que han vivido ha cambiado su escala de valores de arriba a abajo», explica el neurocientífico Manel Sánchez.

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Los supervivientes coinciden en que se trata de una experiencia difícil de olvidar. El miedo a la muerte se pierde y se gana en serenidad, sosiego y calma. «Es como una especie de vacuna contra los temores clásicos asociados al final de la vida».

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Muchos pacientes cuentan que durante la experiencia se agudizan sus sentidos como si tuvieran una conciencia más aumentada y que la sensación del tiempo queda del todo desdibujada.

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Para otros, sus visiones al filo de la navaja resultan aterradoras. Tienen que ver más con una caída temporal a los infiernos, a un mundo de torturas, penas y padecimientos.

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En teoría son los menos, pero tampoco se sabe a ciencia cierta si esto es así, porque quienes viven una mala experiencia de viaje tienden a ocultarla. Sufren en silencio.  «¿Se imagina usted el dolor que acompañará para siempre a estos pacientes? Reírse de ellos es solo un sufrimiento añadido. Científicos y clínicos tenemos un desafío por delante en la atención de todos ellos», concluye Manel Sánchez.

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