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Las fake news inglesas contra Bilbao en la Guerra Civil

Paul Preston aborda en su último libro «el apoyo clandestino del Gobierno británico a la campaña franquista contra Euskadi de 1937»

 

Viernes, 7 de marzo 2025

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Londres contra Bilbao. Así titula Paul Preston el tercer capítulo de su último libro, ‘La pérfida Albión’ (Debate), en el que expone «la hipocresía y los prejuicios de la política exterior británica hacia la República española», como explica el historiador inglés en el prólogo. Durante la Guerra Civil, el Reino Unido optó por una política de no intervención. Pero aunque sobre el papel se quedaba al margen, aquella neutralidad escoraba más bien hacia el bando nacional, una postura que favorecería la caída de Bilbao y que Preston no duda en definir como «el apoyo clandestino del Gobierno británico a la campaña franquista contra Euskadi de 1937».

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Imagen - Sir Henry Getty Chilton (1877-1954)

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En esta campaña fue fundamental el papel de Sir Henry Getty Chilton, el embajador británico en España entre 1935 y 1938, que compartía la «simpatía hacia el fascismo de los responsables de la política británica». Según Preston, en el Reino Unido «existía una creencia generalizada, alimentada por el embajador de extrema derecha Sir Henry Chilton y el cónsul anti-republicano en Barcelona, Norman King, de que en España la victoria del Frente Popular en febrero de 1936 había señalado el comienzo de una crisis prerevolucionaria».

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Chilton logró transmitir «la impresión de que el gabinete del Frente Popular era el títere de socialistas y comunistas de extrema izquierda y que era un gobierno incapaz de frenar el conflicto cada vez más violento entre las fuerzas contrarrevolucionarias y las masas revoluciona rias».

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Cuando comenzó el ataque a la capital vizcaína, «Chilton perpetuó la mentira franquista de que Bilbao estaba bloqueado y que, por tanto, la Royal Navy no podía defender a la marina mercante británica que transportaba alimentos a la famélica ciudad vasca». Chilton, que durante la guerra vivió en San Juan de Luz, transmitió a sus superiores «tal falacia al creer acríticamente lo que le contaba su amigo el comandante Julián Troncoso Sagredo, gobernador franquista de Irún».

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Este, por su parte, intentó que se neutralizara por todos los medios –incluido el bombardeo de su casa en Algorta– al cónsul británico en Bilbao, Ralph Stevenson, amigo personal del lehendakari Aguirre y del periodista George Steer, con el que visitaría la villa de Gernika tras el bombardeo del 26 de abril de 1937. A través de sus despachos y de las crónicas de Steer, Stevenson intentó desmontar la mentira del bloqueo ante su Gobierno.

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Dos hombres contemplan cinco minas, en la revista 'Gudari' del 6 de marzo de 1937.

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Dos hombres contemplan cinco minas, en la revista ‘Gudari’ del 6 de marzo de 1937.
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Como detalla Juan Pardo San Gil en ‘Euzkadiko Gudontzidia-La Marina de Guerra Auxiliar de Euzkadi’, «el 31 de marzo, las tropas del general Mola iniciaban su ofensiva final contra Bizkaia. Simultáneamente hacían llegar a las potencias extranjeras su intención de establecer un bloqueo efectivo de la costa cantábrica y en especial de Bilbao. Además propagaron la noticia de un próximo minado del puerto bilbaíno».

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El primer incidente se produjo el 6 de abril, cuando el mercante inglés Thorpehall, cargado con suministros de alimentos destinados a Bilbao, fue interceptado por el bou franquista Galerna a diez millas de la costa. El Thorpehall pidió ayuda y acabó escoltado por dos destructores ingleses, el Blanche y el Beagle, hasta que entró en aguas vascas –a tres millas de la costa–.

El libro

El libro

Cubierta de ‘La pérfida Albión’, de Paul Preston, editado por Debate. 

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Señala Preston que «el incidente planteó un grave problema para el Gobierno británico sobre cómo hacer compatible la política de no intervención con la protección del transporte mercante británico». El embajador Chilton escribió a Londres: «Bilbao está bloqueada por un acorazado, un crucero, un crucero ligero y un destructor, además de un arrastrero armado, los cuales operan fuera de aguas territoriales». Y concluía, «la política de protección de los barcos británicos en alta mar no puede llevarse a cabo en las circunstancias actuales que afectan a Bilbao».

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Mientras, cuatro cargueros ingleses esperaban en San Juan de Luz, dispuestos a zarpar para Bilbao. Troncoso aseguró a Chilton que la flota nacional había minado los accesos al Abra. El Gobierno conservador encabezado por Stanley Baldwyn tomó una decisión e informó a las autoridades navales: ‹Toda protección naval debe ser retirada a los barcos mercantes británicos que desatiendan los deseos del Gobierno de su Majestad de no acceder al área de Bilbao›. Preston subraya que la decisión se basaba claramente en las amenazas franquistas de Troncoso, pues no se había solicitado la opinión del cónsul británico en Bilbao, Ralph Stevenson».

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El capitán Roberts durante un paseo con su hija por Las Arenas.

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El capitán Roberts durante un paseo con su hija por Las Arenas. Crónica
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Gracias a las crónicas de Steer, la situación llegó a la opinión pública británica a través de la prensa y fue objeto de debates furiosos en la Cámara de los comunes, donde los laboristas criticaron con dureza la postura del Gobierno. El ‘News Chronicle’ abrió su primera página con el titular «Mr. Baldwin se rinde a las amenazas de Franco», mientras que el ‘Daily Herald’ se preguntaba «¿Para qué tenemos una flota?».

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Uno de los capitanes mercantes a la espera en Francia, David John ‘Patata’ Jones, del Marie Llewellyn, fue citado así por el ‘Times’: «Me enferma pensar en estos ‘Dons’ españoles pavoneándose por las cubiertas de sus miserables barcos, intimidando a la Armada Británica e interfiriendo en la navegación».

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Imagen - «Chilton perpetuó la mentira franquista de que Bilbao estaba bloqueado y que, por tanto, la Royal Navy no podía defender a la marina mercante británica que transportaba alimentos a la famélica ciudad vasca»

«Chilton perpetuó la mentira franquista de que Bilbao estaba bloqueado y que, por tanto, la Royal Navy no podía defender a la marina mercante británica que transportaba alimentos a la famélica ciudad vasca»

Baldwyn y sus ministros tenían sobre la mesa un telegrama del lehendakari Aguirre, «probablemente redactado por Speer», apunta Preston, explicaba que el supuesto bloqueo «se basaba en gran medida en un farol y representaba una amenaza mínima». El laborista Noel-Baker había recibido el mismo mensaje. Se reveló que el Almirantazgo «tenía información sólida de que la entrada a Bilbao era completamente segura». Mientras se desencadenaba un temporal político en el Parlamento de Londres, el Gobierno decidió que si a pesar de su consejo, un barco se dirigía a Bilbao y «era molestado o amenazado en alta mar y enviaba una señal pidiendo asistencia, esta no debía ser rechazada».

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El capitán W. H. Roberts, del buque galés cargado con 3.600 toneladas de víveres Seven Seas Sprays, a la espera en San Juan de Luz, decidió hacerse a la mar el 19 de abril. Entró en el puerto de Bilbao escoltado por los bous Bizkaia y Gipuzkoa y el destructor Císcar, sin haber visto una sola mina. Subió por la ría y amarró en el muelle de Uribitarte, cerca de la actual plaza de Pío Baroja, vitoreado por la multitud. «Este hecho fue utilizado con gran eficacia en la Cámara de los Comunes por (el laborista) Albert Alexander, quien subrayó que el bloqueo debía su efectividad, si es que tenía alguna, al Gobierno británico». En un durísimo artículo, el ‘Daily Herald’ dijo: «Nunca ha habido un bloqueo por parte del general Franco. Ha habido un bloqueo virtual por parte de Mr. Baldwyn».

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El buque galés Seven Seas Spray amarró en el puerto de Bilbao, en el muelle de Uribitarte, tras una travesía desde San Juan de Luz sin haber visto una sola mina.

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El buque galés Seven Seas Spray amarró en el puerto de Bilbao, en el muelle de Uribitarte, tras una travesía desde San Juan de Luz sin haber visto una sola mina.
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El 23 de abril, los mercantes Hamsterley, MacGregor y Stanbrook zarparon hacia Bilbao. Fueron interceptados por los barcos franquistas Almirante Cervera y Galerna, y pidieron la ayuda de los destructores HMS Hood y HMS Firedrake. «El capitán del Almirante Cervera exigió que los barcos británicos se retiraran alegando que estaban en el límite de seis millas que los rebeldes consideraban aguas territoriales». El Galerna disparó frente al MacGregor, que recibió la orden de continuar del almirante Blake. El Hood apuntó sus cañones al Almirante Cervera, mientras el Galerna era repelido por las baterías costeras vascas.

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El convoy británico entró en el puerto de Bilbao escoltado por bous. Los días siguientes llegarían el Thurston, el Stesso, el Sheaf Garth, el Backworth, el Sheaf Field, el Thorpehall, el Marvia y el Portelet. Franco hizo saber a Chilton que detendría todo el comercio con Gran Bretaña si el Gobierno británico seguía tolerando el paso de los barcos. Pero no tuvo que llegar a ese extremo, los nacionales acabarían entrando en Bilbao el 17 de junio sin que un bloqueo fuese necesario para ello.

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