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Aitor Seguín (Eibar, 27 de febrero de 1995) encarna un ejemplo de superación. Se rompió la rodilla un nefasto 26 de abril de 2016 en un entrenamiento en Lezama con el Bilbao Athletic, en un momento deportivo dulce, ya que era un fijo para Kuko Ziganda en un filial que competía en Segunda División. Aquel sueño de llegar al primer equipo y convertirse en león, porque las sensaciones apuntaban a esa realidad, se frustró con aquel chasquido cruel, un segundo que ha marcado su vida. Desde aquel día vivió un calvario de cuatro años, de continuas recaídas, pasando por el quirófano hasta en cinco ocasiones, de pensar en pedir la invalidez… El fútbol le dio una segunda oportunidad cuando el Barakaldo, en enero de 2020, apostó por su recuperación, que llegó, pero el jugador del Arenas, que esta tarde se reencuentra en Gobela con la UD Logroñés, en el que militó la campaña pasada, en un partido crucial en la pelea por el ascenso a Primera RFEF, se sincera: “Esos cuatro años en el dique seco para un futbolista es mucho tiempo y quieras o no la cabeza no te permite ser el futbolista que eras antes”.
Acaba de cumplir dos meses en el Arenas, en la última jornada hizo su primer gol como rojinegro. ¿Qué valoración hace?
La verdad, estoy muy a gusto, volviendo a disfrutar del día a día y aprendiendo mucho en esta nueva etapa en el Arenas.
Fichó en enero con el Arenas cuando competía en el Numancia. ¿Qué ocurrió para dar ese paso?
En verano tuve conversaciones con Ibai (el técnico del Arenas) y me veía preparado para dar ese paso, pero luego vino el Numancia y por proyecto decidí irme para Soria. Sin embargo, en navidades Ibai me seguía insistiendo y tal y como iba el proyecto del Arenas no dudé ni un segundo.
Se reencuentra con la UD Logroñés, en el que militó el curso pasado, será un partido especial y donde se juegan mucho. ¿Qué le dice la cabeza?
Como dice, es un partido muy especial, porque el año pasado estuve muy a gusto ahí, con jugadores que prácticamente son amigos, con los que he convivido, y a priori era el equipo supuestamente a batir, pero ya se ha visto que la dificultad del grupo al final se manifiesta y no están pasando en su mejor momento.
En la UD Logroñés la presión es máxima, ¿no?
Desde el primer día la exigencia es máxima, el objetivo es claro, que es ascender y eso pesa mucho.
Se han cumplido 5 años desde que, con su cesión al Barakaldo por parte del Athletic, volviera a sentirse futbolista después de ese calvario de 4 años con la grave lesión de su rodilla e incluso llegó a tramitar la solicitud de invalidez. ¿Ha vuelto a ser el mismo desde aquel fatídico 26 de abril de 2016 cuando se rompió en un entreno en Lezama?
No, esos cuatro años en el dique seco para un futbolista es mucho tiempo y quieras o no la cabeza no te permite ser el futbolista que eras antes. Todavía sientes algo de miedo, de inestabilidad y eso te lastra un poco.
¿Y con todo lo que ha vivido no se ha hecho duro como una piedra?
Sí y a la vez no. Porque, como he dicho antes, ese miedo en cada acción, en cada disputa… es como que tienes un runrún ahí en la cabeza que lo mantienes y en ese sentido todavía no me he hecho tan duro.
O sea, ¿sigue teniendo ese miedo cinco años después?
Sí, sin lugar a dudas.

¿Y cómo se quita ese miedo?
No lo sé, de momento yo no he conseguido quitármelo de encima.
¿Sigue dando vueltas a lo que podría haber sido en caso de que no hubiera sufrido esa lesión que tanto daño le causó?
No, la verdad es que no. Ahora mismo estoy disfrutando del día a día, intentando ser mejor y aprendiendo de Ibai y de todos mis compañeros jóvenes que están con un hambre impresionante.
Se lo pregunto porque entonces en Lezama se le consideraba un diamante en bruto, con pinta de saltar al primer equipo a corto o medio plazo. Dice la máxima que el que tuvo la retuvo, ¿qué queda de aquel futbolista que sorprendió en el Bilbao Athletic en Segunda División de la mano de Kuko Ziganda?
Creo que la calidad al final no se pierde, aún se mantiene y es lo que me da para aguantar en Segunda RFEF.
Compite en Segunda RFEF, aunque jugó dos años en Primera RFEF con el Real Unión. ¿Se nota ese cambio?
Sí. En Primera RFEF, todos los equipos son muy competitivos y eso a la Segunda RFEF todavía le falta un poco.
¿Bajar a Segunda RFEF es un paso atrás?
No, ni mucho menos. Al final el fútbol pone a cada uno en su sitio y yo estoy intentando dar lo máximo, pero está claro que no da.
¿En qué no ha logrado mejorar como futbolista?
En la cabeza. No he conseguido controlarla muy bien, me pongo mucha presión a mí mismo y todavía me cuesta disfrutar mucho.
¿El ADN de este Arenas de Ibai le viene como anillo al dedo?
Sí. La verdad es que por estilo de juego, por lo que exige el míster, me identifico bastante con esta idea.
¿Qué le pide el míster?
“El fútbol me da paz, ver que he sido capaz de superar algo que yo estoy convencido que no muchos lo harían”
Que sea diferencial, que es lo más difícil, y sobre todo me pide que mantenga mucho el sitio, porque yo soy un jugador al que le gusta mucho tener el balón en los pies y muchas veces me desubico de las zonas; y me dice entonces que aguante la posición. Que ahí voy a recibir y ahí voy a conseguir hacer daño.
¿El ascenso directo es creíble?
Claro que sí. De hecho, creo que vamos a llegar hasta la última jornada vivos. Y eso es el objetivo, llegar hasta la última jornada que es contra el Eibar B (el actual líder) y depender de nosotros mismos.
¿Dónde va a estar la clave?
En sumar puntos. La clave es ganar en casa y fuera intentar sumar lo máximo posible, porque los equipos de mitad de tabla para abajo ya empiezan a sacar lo mejor de sí, a intentar mantener la categoría, y sumar fuera de casa cuesta un mundo.
Cumplidos los 30 años, ¿qué le da el fútbol y qué le puede dar en el futuro todavía?
Después de todo lo que he pasado, diría que me da paz. Sentirme a gusto conmigo mismo y ver que he sido capaz de superar algo que yo estoy convencido que no muchos lo harían.
¿Qué le ha supuesto la figura de su hermano Iker?
Un apoyo grande. Me baso bastante en él y también en muchas críticas, porque son muy exigentes, tanto mi padre como mi hermano. Lo que buscan es que yo intente mejorar y sacar lo mejor.
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