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Pascual Perea: «Ejercer la imaginación en el periodismo es muy peligroso, por eso escribo novelas»

El periodista y escritor bilbaíno publica su cuarto libro, una intriga protagonizada por un amnésico que se despierta tras 31 años en un Bilbao irreconocible

 

Miércoles, 26 de febrero 2025

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1991. El protagonista de ‘El astronauta’ se encuentra celebrando su licenciatura en Derecho en el bar de La Otxoa y despierta 31 años más tarde, convertido en un odiado cincuentón al que acusan de un crimen.

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Pascual Perea, compañero durante muchos años en este diario, atrapa al lector con un apasionante thriller, que es también una novela de viajes en el tiempo y una reflexión sobre la identidad.

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Este jueves 27 de febrero se presenta en la Biblioteca de Bidebarrieta (19.00 horas).

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–La primera frase de una novela es importante: «Mi primer pensamiento fue un homenaje a los Hombres G: el pedo de anoche tuvo que ser de los que hacen afición».

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–Dudé con esa frase. Quería remitir a la época en la que el protagonista cree que se encuentra, cuando esas frases eran más habituales. Hoy suena demodé.

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–Ulises se despierta en un hospital, sin memoria, 31 años después de sus últimos recuerdos y metido en un embrollo que puede llevarle a la cárcel.

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–Esta novela trata de un viaje en el tiempo, de alguien que en el futuro se da cuenta de que no es la persona que quería ser. Además de las pesquisas policiales, tiene que descubrir en qué tipo de persona se ha convertido.

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El protagonista descubre un mundo con móviles, inmigrantes, internet…

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–Nada más salir del hospital mira al cielo, porque cree que 31 años después habrá coches surcando las nubes. Y se siente decepcionado, porque el futuro no es como se lo imaginaba. Hay avances no tan llamativos pero más importantes, como el móvil, que nos ha puesto todo el conocimiento del mundo en la palma de la mano pero nos ha aislado.

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–¿Recuerda su fiesta de graduación en la universidad?

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–No tuve. Creo que no fui ni a buscar las notas.

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–No es nostálgico.

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–No es un libro en el que me mire a mí mismo. El salto en el tiempo permite añadir otros elementos a una desaparición, como la búsqueda de la identidad. No hay nostalgia, esta también es mi época.

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–Invita a que nos preguntemos si nos hemos convertido en la persona que queríamos ser.

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–Cuando ha transcurrido la mitad de tu vida es habitual mirar atrás y preguntarte qué habría ocurrido si hubieras seguido con aquella novia, aceptado aquel trabajo o montado borracho en aquel coche. Encrucijadas. Ulises no puede ver en qué se ha equivocado, se encuentra con los hechos consumados.

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–El azar, que tanto juego le da a Paul Auster.

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–Evidentemente no me quiero comparar con él, pero sí hay reflexiones sobre ello en el libro. ¿Puedes sentirte culpable por algo que no recuerdas? ¿Puedes ser condenado por ello? ¿Puedes ser una persona que no te sientes ser?

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–Como en las buenas películas, no traiciona el punto de vista del relato. Siempre sabemos lo mismo que el protagonista.

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–No vas a saber más que él hasta el final, lo otro sería hacer trampa. Escribo el libro que quiero leer. Y no me quiero aburrir. Disfruto mucho de este hobby.

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–Bueno, que le publica Espasa…

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–Yo soy profesional de la escritura a través del periodismo. Eso me ha dado el oficio. Escribir una novela es imaginación y oficio. Y ejercer la imaginación en el periodismo es muy peligroso, je, je. Por eso escribo novelas.

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«Puedes ser superventas y no escribir muy bien porque escribes lo que la gente quiere leer»

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–Bilbao es importante en la novela.

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–Elegí 1991 porque fue un año de cambio. En Bilbao seguía ETA, sufríamos una crisis industrial, la ciudad era sucia y gris… Y al poco tiempo llegó el milagro Guggenheim.

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–El museo protagoniza una preciosa escena y justifica el título del libro.

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–Es el símbolo de un descubrimiento, como la Estatua de la Libertad en ‘El planeta de los simios’: el mundo ha cambiado y ya no se puede volver atrás.

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–¿Tiene escritores que nunca le defraudan?

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–Decenas. Siempre me ha gustado Nick Hornby, del que tomo al antihéroe que se mira a sí mismo con cierta sorna. Miguel Delibes me parece fabuloso.

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El periodista y escritor bilbaíno Pascual Perea.

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El periodista y escritor bilbaíno Pascual Perea. Jordi Alemany
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–Su libro está muy bien escrito, algo que no es tan habitual en la literatura de entretenimiento.

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–Puedes ser superventas y no escribir muy bien porque escribes lo que la gente quiere leer. Yo creo en los lectores a los que les gusta leer textos bien escritos. Otras cosas no sabré, pero sé escribir y manejar los ritmos para que no decaiga la acción. Voy al grano. 35 años de periodismo y leer muchísimo desde pequeñito me lo han proporcionado.

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–No sería extraño que vendiera los derechos para una serie. ¿Ha pensado en algún actor?

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–Me encantaría, pero no he pensado en nadie. Yo hago la película antes de escribir. Veo una serie, porque el proceso de maduración de este cincuentón que se siente un chaval es largo. José Coronado me gusta, pero quizá es un poco mayor para el personaje. Habría que buscar a dos actores, uno joven y otro viejo, que se parecieran.

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«No tenía ninguna idea de escribir novelas. Luego descubres que las tardes son largas y conviene hacer algo»

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–Ha sido jubilarse y escribir cuatro libros, como si los tuviese acumulados en la mente.

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–En absoluto. No había un plan. El día que me retiré del periodismo no tenía ninguna idea de escribir. Luego descubrí que las tardes son largas y conviene hacer algo. No escribo a diario, solo cuando tengo ganas. No tengo ninguna presión ni tengo que hacer una carrera literaria.

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–¿Echa de menos la redacción?

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–A los amigos y compañeros.

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